Inicialmente, deberíamos definir a qué llamamos bosques nativos. Según la definición propuesta en la Ley Nacional 26.331 de Presupuestos Mínimos de Protección de Bosques Nativos, se denominan a: ecosistemas forestales naturales compuestos predominantemente por especies arbóreas nativas maduras, con diversas especies de flora y fauna asociadas, en conjunto con el medio que las rodea (suelo, subsuelo, atmósfera, clima, recursos hídricos), conformando una trama interdependiente con características propias y múltiples funciones, que en su estado natural otorgan al sistema una condición de equilibrio dinámico y que brinda diversos servicios ambientales a la sociedad, además de los diversos recursos naturales con posibilidad de utilización económica. También incluye aquellos de origen secundario formados luego de un desmonte, así como aquellos resultantes de una recomposición o restauración voluntarias.
La provincia de Santiago del Estero se encuentra representada casi en su totalidad por la ecorregión del Chaco Seco, que se caracteriza por presentar un mosaico de vegetación continuo donde se combinan, tres tipos de fisonomías: bosque, sabanas y pastizales.
Diversas especies vegetales se encuentran bien adaptadas a condiciones climáticas extremas como son las altas temperaturas en época estival, zonas con alta concentración de sales en el suelo y condiciones de déficit hídrico en la mayor parte del año.
Dichas adaptaciones al ambiente hacen de este ecosistema un espacio interesante en la comprensión de sus caracteres fisiológicos y ecológicos.
Dadas las interrelaciones entre vegetación, fauna, sociedad, clima y servicios ecosistémicos precisan ser entendidas y atendidas en pos de perpetuar el uso sustentable para las generaciones futuras.
Sin embargo, desde finales del siglo XIX, la explotación de recursos forestales en la región, y luego el cambio de uso de suelo desde la década de los 90´, fueron prácticas que deshicieron el paisaje original dejando vestigios de bosque, los cuales algunos hoy se encuentran bajo leyes de protección, otros susceptibles de ser transformados y otros en gran medida, degradados.
Con la expansión agrícola de los años 90, impulsada por paquetes tecnológicos y la pampeanización, la presión sobre los bosques se profundizó, desplazando comunidades, degradando suelos y erosionando identidades culturales. Este proceso evidenció la necesidad de transitar de un paradigma extractivo a uno bioeconómico, que valore tanto los servicios ecosistémicos como las prácticas territoriales históricas.
El interés por el tanino, durmientes y carbón
A principios del siglo XX, en Argentina se gestaba una revolución económica que acompañaba demandas globales en estrecha relación con países europeos. Capitales británicos se instalaron promoviendo desarrollo económico a costa de la extracción y explotación desmedida de recursos naturales.
Motivados por la obtención del tanino, la empresa inglesa La Forestal se instaló en 1906 en la región chaqueña para la obtención de la mayor cantidad de individuos de quebracho colorado chaqueño (Schinopsis balansae) y posteriormente quebracho colorado santiagueño (Schinopsis lorentzii).
Esta extracción se definió por autores tanto de las ciencias sociales y forestales, como de carácter minero, donde una vez obtenidos los individuos de mejor porte, altura de fuste y estado sanitario, se procedía al abandono de suelos y los obrajes debían moverse hacía nuevas porciones de bosque.
En ese entonces, se explotaron casi 11.000.000 de hectáreas de tierras forestales de los mejores quebrachales, dando nacimiento a una incipiente industria forestal que tuvo su auge en la primera mitad del siglo XX.
Para el año 1920, los bosques del norte y este de Santiago del Estero abastecían de materia prima para la producción de durmientes, además de la obtención tanino y carbón, llegando a generar 227.320 toneladas de productos forestales.
En paralelo, hacia el centro de la provincia, la ganadería a monte era un método impartido entre los finqueros de la época. Los serviles, descendientes de comunidades indígenas aplicaban esta práctica sobre el monte abierto y las sabanas, que se regía de acuerdo a la disponibilidad de pastos en momentos posteriores a la estación húmeda en las regiones de desborde de los ríos Dulce y Salado.
Hacia el sur-oeste, bosques más bajos y abiertos dieron lugar a la obtención de leña, carbón, postes de diversos tamaños y otros usos no maderables como la obtención de goma brea.
A lo largo del tiempo, el aprovechamiento de especies forestales fue generado sistematicidad, que se inicia con la extracción de postes, luego madera para aserradero y finalmente las especies de menor importancia forestal para leña y carbón.
Para la década del ‘50, la provincia había pasado de contener un stock de 11.000.000 de hectáreas de bosque a inicio de siglo, a sólo 6.000.000 de ha.
Este sistema se extendió durante todo el siglo XX hasta mediados de los años 90´s cuando el mercado de commodities se posicionó como principal método de ventas de materias primas.
En la Región Chaqueña, y en particular en Santiago del Estero, se suscitó un proceso de abrupto cambio de uso del suelo, dada la capacidad del mismo de poder albergar cultivos de soja y maíz, como así también pasturas megatérmicas. Estas características permitieron la rápida expansión de la frontera agropecuaria imitando aquellos paisajes propios de la región pampeana, fenómeno conocido como pampeanización.
El abrupto cambio de uso de suelo no solo implicaba la eliminación de los recursos naturales, sino que llevó consigo una pérdida de valores culturales, históricos e identitarios de los pobladores nativos, provocando así la expulsión de su territorio, el despojo de sus sistemas productivos, y sus formas de vida comunitaria.
Ley de protección ambiental y ordenamiento territorial
Como se puede ver, gran parte del avance de la frontera agropecuaria en el Chaco Seco Argentino no ocurrió en tierras despobladas, sino en tierras de uso tradicional de comunidades indígenas y campesinas, cuya tenencia de la tierra en su gran mayoría, no es de carácter formal.
En este contexto, se sanciona en el año 2007 la Ley de presupuestos mínimos de protección ambiental de Bosques Nativos, con el objetivo de evitar la deforestación o el cambio de uso de suelo desregulado.
La ley se materializa a través de un instrumento de gestión denominado Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN), en donde cada provincia se encuentra obligada a clasificar sus bosques nativos de acuerdo a tres categorías de conservación: roja, amarilla y verde.
Cada categoría especifica las actividades que pueden realizarse en las zonas con bosques. Siendo la categoría roja aquella de mayor restricción y que por su alto valor de conservación no permite el desmonte. La categoría amarilla, contiene bosques de mediano valor de conservación que no habilita desmonte pero permite un uso sustentable y restringido, y por último, la categoría verde, que identifica bosques de bajo valor de conservación aptos para el cambio de uso de suelo.
Una cuestión prevaleciente es la facultad que poseen las provincias de gestionar la conservación y el uso de los bosques. Esto debe realizarse teniendo en cuenta que la ley nacional define presupuestos mínimos por sobre los cuales, las provincias deben mantener o superarlos en función del estado de bosque en cada una de ellas.
Hacia el año 2008 según el primer ordenamiento territorial, Santiago del Estero disponía de 7.600.000 hectáreas de bosque nativo.
Para el año 2015, las hectáreas de bosque nativo de Santiago del Estero ascienden a 7.718.000. En porcentajes, casi el 80% son clasificados en categoría amarilla, seguido por un 12% en categoría rojo y 7,5% en verde.
En estas cifras se puede observar cómo el registro y monitoreo de bosques permite evaluar la preservación y recuperación de bosques.
Cabe aclarar que el plazo para la tercera actualización del OTBN de Santiago del Estero venció en el año 2020, por lo cual los datos oficiales utilizados por técnicos e investigadores son referentes al año 2015.
Otro punto en la revisión y mejora del OTBN del 2015 para la ejecución de planes de la Ley se basa en que, para la segunda actualización, se adiciona la figura de “beneficiarios agrupados” con la finalidad de incorporar, aunque parcialmente, a grupos campesinos y comunidades indígenas dada la situación de tenencia de tierras como una limitante.
Una situación importante de comentar es la constante aparición de desmontes ilegales entre los periodos 2008-2014, cuyo efecto abarcativo en la ley sigue siendo escaso. En efecto, la ley no prevé mecanismos de sanción y en Santiago del Estero, las sanciones por desmonte se gradúan de acuerdo a la ley provincial 6841.
Según datos publicados por RedAf obtenidos en el año 2021, hasta el año 2014 la cifra de desmontes ilegales superaba ampliamente la de desmontes permitidos siendo la primera 610.787 hectáreas desmontadas de manera ilegal entre las tres categorías, mientras que los desmontes autorizados para la categoría verde y amarillo fueron en total 143.791 ha.
Otro reporte obtenido desde la Dirección Nacional de Bosques para el año 2023, indicaba que Santiago del Estero fue la segunda provincia del Parque Chaqueño y la tercera a nivel nacional en presentar mayor pérdida de bosque nativo.
Este dato no discrimina entre tipos de desmonte u otros disturbios, sino que refleja una cifra global para cada provincia. A la fecha de la redacción de este estudio, es el informe con datos más recientes.
En relación a lo anterior, en el año 2023 en Santiago del Estero se registraron 38.771 hectáreas de perdida de cobertura de bosque en categoría amarillo, seguidas por 635 hectáreas en categoría verde y 282 en categoría roja, ubicándose la mayor proporción de estos en los departamentos Pellegrini, Alberdi y Juan Felipe Ibarra.
Esto sugiere que la mayor proporción de cambio en el amarillo podría deberse a prácticas silvopastoriles con remoción prácticamente total de bosque; usos agropecuarios, e incendios.
Si bien, desde la sanción de la ley en el año 2007 existe una tendencia a la baja en la pérdida de bosques nativos en la región chaqueña, esta sigue siendo una región donde existen posibles amenazas de aumentar el cambio de coberturas.
En 2021, un informe elaborado por técnicos de la Red Agroforestal Chaco Argentina (RedAf), puntualizó acerca de las debilidades del acceso de las comunidades campesinas al fondo de conservación para la ejecución de planes en el marco de la Ley, en Santiago del Estero focalizándose en la situación de tenencia precaria de tierras.
Otro punto clave en la actualización del OTBN del año 2015 es la incorporación de los corredores biológicos, ya que permite no solo el abordaje integral de la conservación de paisajes, sino también evaluar la conectividad entre ambientes.











